¿Por qué creo en ARPA?

Carmen Luz Sepúlveda

Carmen Luz Sepúlveda

Profesora. Investigadora proyecto ARPA. Universidad de Chile.


Cuando decidí estudiar Pedagogía lo hice pensando en que podía ayudar a todos esos estudiantes a los que no les gustan las matemáticas y las ven como algo lejano, poco atractivo, a lo que hay que temer y por sobre todo a lo que sólo algunos están invitados o más bien capacitados para aprender y triunfar. Entonces mi primera misión fue esa: lograr que todos y todas mis estudiantes se sintieran capaces de poder aprender matemáticas y como consecuencia de ello cambiaran su visión sobre éstas, interesándose y queriendo aprender más. Mientras estuve en la sala de clases trabaje en este objetivo, pero no fue fácil lograrlo porque requería tiempos que muchas veces el sistema no estaba dispuesto a considerar ni a ceder, sin embargo puse mi mejor esfuerzo en esta misión autoimpuesta.

El resultado de esta enorme dedicación fue que muchos de mis estudiantes cambiaron su visión sobre la asignatura y comenzaron a esforzarse más, sin embargo su desempeño en la sala de clases no fue siempre bueno y se frustraban al ver sus resultados. Entonces comprendí que debía cambiar tanto mi metodología como las evaluaciones, para poder ayudar de mejor forma a mis estudiantes. El cambio en la metodología apuntó a que mis clases fueran más integrativas, que todos los estudiantes se sintieran en igualdad de condiciones para enfrentar la asignatura; siempre les repetí a mis estudiantes que todos ellos eran unos genios y que tenían las habilidades necesarias para triunfar en matemáticas, pero ahora debía acompañar este discurso con resultados para que esta frase se convirtiera en realidad para ellos. Por esto estudié un Diplomado en “Aprendizaje profundo”, el que cambió mi metodología en ámbitos cruciales como: el rol del profesor, el trabajo en grupo, la evaluación y la concepción de problemas. Respecto al rol del Profesor aprendí que mi labor debía ser de mediador, un guía que acompañara el proceso de aprendizaje, en donde el estudiante debía ser el protagonista, por lo que había que desarrollar su autonomía para que cada uno descubriera que la mayor parte del aprendizaje dependía de él por lo que su visión del profesor cambiaba, ya no era la persona que poseía la verdad absoluta, sino la persona que lo ayudaba a potenciar sus habilidades.por que creo en arpa 1

Luego desde este cambio en el paradigma del rol  del profesor ¿por qué era importante el trabajo en grupo? El trabajo en grupo era la respuesta a lograr la integración de todos mis estudiantes, aunque en un principio era un poco reacia, porque siempre una teme perder el control de la clase y la formación de los grupos siempre es un dilema casi ético; ¿con quién dejar a los alumnos más aventajados? Uno tiende a dejarlos con los menos aventajados para que éstos les ayuden, pero desde otro punto de vista es un poco injusto porque les impide avanzar de forma más rápida, pero cuando uno se atreve a trabajar en grupos se da cuenta que los alumnos se sienten más en confianza para expresar sus dudas y sus ideas sobre cómo poder resolver la tarea dada. Finalmente lo que más me impresionó fue mi cambio en la concepción de problema, siempre y de acuerdo a mi experiencia, respondía a un conjunto de datos que había que ordenar y seguir una serie de pasos para lograr su resolución, incluso en algunos colegios se coloca la receta plastificada en la pizarra, pero entonces descubrí que la resolución no tenía nada que ver con lo que había trabajado siempre, ahora sabía que el problema no tenía receta para resolver, sino más bien era libre y lo que había que hacer era trabajar en el proceso de metacognición de este, como sacarle provecho al error para poder profundizar el aprendizaje del estudiante, conocer cómo este piensa para poder modificar alguna concepción errónea, finalmente considerando todos estos cambios de concepciones estaba la evaluación, trabajar en buscar una evaluación que fuera consistente con todo esta nueva metodología, que respetara los ritmos y procesos de aprendizaje de todos los estudiantes.

Continuando con mí búsqueda sobre metodologías que favorecieran el aprendizaje en matemáticas es que me integre al proyecto ARPA. Este proyecto vino a complementar mi aprendizaje sobre la enseñanza de las matemáticas en tres aspectos: el rol del profesor, el trabajo en grupo y la concepción de un problema.

En primer lugar creo en esta iniciativa porque trae una solución para uno de los problemas más cruciales dentro de la sala de clases como hacerla integral: cómo lograr que los alumnos más aventajados no se estanquen y los menos aventajados avancen, y este problema se puede abordar a través del trabajo en grupo pero con un agregado muy esencial que es que los grupos deben formarse de forma aleatoria, sé que es algo a lo que los profesores tememos, pero he visto cómo funciona muy bien y potencia muchas habilidades del ámbito social de nuestros estudiantes, transformando la clase de matemática ya no una clase en la que sólo algunos están llamados a participar y tener éxito, tampoco una clase en donde sólo se tratan contenidos, sino que ahora hablamos de una clase más equitativa en donde todos tienen la oportunidad para aportar y participar. El profesor entrega el protagonismo a los estudiantes transformándose en un mediador del aprendizaje llevando a ir más allá a los estudiantes más aventajados y apoyando a los menos aventajados y lograr sentirse en igualdad de condiciones, para esto la iniciativa ARPA permite que los profesores vivencien las emociones que sienten los estudiantes al enfrentarse a un problema matemático y finalmente mi mayor aprendizaje ha sido en la concepción de problema sobre todo en que este se puede abordar y resolver sin tener una estrategia a priori lo que permite que todos sean capaces de abordarlo y sentir la satisfacción de resolverlo, evitando la frustración que tantas veces lleva nuestros estudiantes a rechazar y abandonar las matemáticas.

En este tiempo que llevo trabajando en el proyecto hay dos experiencias que me llevan a creer en esta propuesta como una solución a los desafíos diarios a los que nos enfrentamos como profesores de matemática. La primera ocurrió mientras observaba un video de a implementación de un ARPA en una clase de matemáticas para estudiantes de gastronomía, en donde una estudiante dice antes de comenzar el problema propuesto que ella eligió esta carrera para estudiar porque no tenía matemáticas, ya que ella era muy “mala” para ellas, luego es impresionante como cambió su idea previa una vez que comenzó a trabajar el problema propuesto, sintió interés, confianza en sí misma para poder enfrentarlo, alegría una vez que lo resolvió y se atrevió a enfrentar nuevos desafíos que le propuso el profesor una vez que dio solución al problema.

La segunda experiencia tiene que ver con un taller dado a profesores, en donde se logró que ellos empatizaran con las emociones a las que se enfrentan los estudiantes cuando se enfrentan a un problema matemático y logre presenciar cómo los profesores cambian su paradigma sobre la enseñanza de las matemáticas, un profesor participante del taller señalaba al final de éste que le había permitido cuestionarse su enseñanza actual de las matemáticas, el reconocía que sus clases eran muy estructuradas y guiadas sobretodo en cuanto lo que tenían que hacer los estudiantes, y si él proponía un problema la estrategia debía ser única y debía ser la que él tenía pensada y que por esto muchos estudiantes le perdían el interés a la matemática y muchos la veía inabordable, por eso el profesor valoró mucho el taller pues le mostró otra forma de trabajar en matemáticas y lo mejor es que era muy abordable en todo contexto educacional, debido a que daba la iguales oportunidades a los distintos estudiantes que confluyen en la sala de clases incluso para aquellos más inquietos.

Finalmente creo que esta iniciativa responde y prepara para las exigencias a las que se verán enfrentados nuestros estudiantes en un futuro y cito a Pablo Menichetti en su libro aprendizaje inteligente “el mundo laboral del 2020 va a exigir a nuestros jóvenes habilidades humanas como el liderazgo, la empatía, la creatividad, la visión global y la imaginación…ya no somos ni seremos remunerados ni reconocidos por poseer un gran cúmulo de conocimientos, sino por lo que podamos hacer con ese conocimiento en el momento que se requiera, solucionando problemas e innovando”.

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