Los unicornios y la matemática

Rafael Arancibia

Rafael Arancibia

Profesor de Estado en Matemática y Computación Estudiante de Magíster en Educación Mención Gestión Educacional

Este verano tuve el placer de pasar un tiempo con Sofía. Una prima de solo 5 añitos, que me cautivó con su audacia e ingenio. Agregando a eso una capacidad natural para conversar sobre los asuntos que le eran interesantes. Uno de esos asuntos era el de los unicornios.

Sofía describía a estos seres con tanta energía y convicción, que casi me convencía a mí de creer en ellos también. Así que, para poner a prueba sus conocimientos, decidí preguntarle algunas cosas: ¿Cuántas patas tienen los unicornios? –pregunté. Cuatro –respondió. Me aventuré por algo más específico: ¿y cuántos dedos tienen?. Cuatro, respondió inmediatamente. Yo no me esperaba una respuesta tan rápida. Se notaba que conocía a los unicornios. Así que decidí ir más allá y le dije: Oye Sofi, y si los unicornios tienen cuatro dedos en cada pata y tienen cuatro patas, ¿cuántos dedos tienen en total? Ella cerró sus ojos y agarró uno por uno sus dedos con la otra mano: un, dos, tres, cuatro –volvió sobre el primer dedo- cinco, seis, siete, ocho –volvió sobre el primer dedo- y siguió contando hasta que dijo: ¡dieciséis!

Debo reconocer que su estrategia y respuesta me dejaron perplejo. Y en cuanto me repuse, comencé a pensar en qué cosas habían en esa tierna conversación sobre unicornios, que había permitido a una niña de 5 años resolver un problema.

Primero que todo, de por medio hay un tema de interés para la Sofí: los unicornios. Le atraen tanto, que está dispuesta a hablar de ellos, a describirlos, a dibujarlos, etc. También, si notan en el relato, las preguntas que enfrenta Sofía van incrementando su dificultad y al mismo tiempo, guiándola para que enfrente la pregunta más compleja: la cantidad total de dedos que tienen los unicornios. Si la conversación hubiese sido algo como: “¿Así que te gustan los unicornios? Dime entonces cuántos dedos tienen en total”. Creo que por mucho que le gustara el tema, la conversación hubiese durado muy poco tiempo. Además, si notaron, tampoco presioné a la niña para que respondiera mis preguntas o me reí con incredulidad de las cosas que contaba. Sus descripciones eran tan reales para sí misma –y probablemente mi cara de interés era tal- que se animó a charlar sin miedo. Ese clima de confianza y respeto en el que se desarrolló la conversación, pienso que permitió a la Sofí desplegar su imaginación, su creatividad y sus habilidades de razonamiento para sacar un cálculo, quizás algo complejo para su edad.

Lamentablemente muchos niños en la escuela no están teniendo interacciones como la de mi historia. En la sala de clases la mayor parte del tiempo debes estar sentado, escribir lo que dice el profesor, hacer 20 ejercicios iguales al de la pizarra y otras cosas por el estilo, que no despiertan el interés de ninguno.

Ese modelo tradicional de enseñanza, donde el profesor es el protagonista, está mermando el desarrollo de las habilidades en estudiantes de todas las edades. E ingenuamente tendemos a creer que nuestros niños no tienen las capacidades suficientes, que tienen problemas de concentración, que necesitan medicamentos, etcétera. Cuando la realidad es que ellos no están teniendo las oportunidades para demostrar realmente lo capaces y hábiles que pueden llegar a ser, en las áreas que les interesan.

Vale la pena recordar la tremenda sorpresa que nos llevamos los que trabajamos en la iniciativa ARPA, cuando un grupo de niños de primero básico de la comuna de Rengo, encontró una solución –desconocida por nosotros- al problema de las baldosas de Teresa (VER NOTICIA). Eran niños con apenas 6 años de edad, desplegando su creatividad, en una situación desafiante que llamó su atención. Sin embargo, nada de eso habría sido posible sin la oportunidad que tuvieron (en su propia clase de matemática) de llevar a cabo un trabajo de ese estilo. Y esa oportunidad debería ser la misma para todos los niños y jóvenes chilenos.

Quizás cuántos de nuestros estudiantes tienen ideas innovadoras, creativas y sorprendentes, que por falta de oportunidades, no pueden desarrollarlas y compartirlas.

La iniciativa ARPA realiza día a día un gran esfuerzo, en muchas aulas de nuestro país, para ofrecer la oportunidad a miles de niños y jóvenes, de desarrollar su creatividad, su imaginación y sus habilidades de resolución de problemas, al enfrentar situaciones entretenidas e interesantes. Cualidades que, desarrolladas y promovidas a lo largo de sus vidas, resultan ser cruciales para el aprendizaje de una disciplina tan hermosa y compleja como lo es la matemática.

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