La (in)comprendida profesión docente

Rafael Arancibia

Rafael Arancibia

Profesor en Matemática y Computación Magíster en Educación Mención Gestión Educacional

Considerad, muchachos,
Este gabán de fraile mendicante: 
Soy profesor en un liceo obscuro, 
He perdido la voz haciendo clases.
(Después de todo o nada
Hago cuarenta horas semanales). 
¿Qué les dice mi cara abofeteada? 
¡Verdad que inspira lástima mirarme! 
Y qué les sugieren estos zapatos de cura 
Que envejecieron sin arte ni parte.

¡Para qué hemos nacido como hombres
Si nos dan una muerte de animales!

El Autorretrato del gran Nicanor Parra puede parecer para muchos una exagerada caricatura de un maltratado maestro, sin embargo, sus letras describen la difícil realidad de muchos profesores que han entregado su vida a la enseñanza. Pero ¿por qué esta es la realidad de los profesionales de la educación y no la de otros profesionales?

La pedagogía –también llamada pega jodida por el gremio- es una cuestión tan difícil de describir como de practicar. Creo que no solo por la cantidad de horas fuera de contrato que el profe trabaja en su casa preparando clases, haciendo guías, confeccionando pruebas, corrigiéndolas; o por la extraordinaria destreza con la que coordina a casi 40 espíritus diferentes dentro de una sala de clases… No es solo por eso que es difícil, sino que también porque al maestro se le responsabiliza de hacer que sus estudiantes se comporten correctamente, es decir: que no griten, que no se golpeen, que no se escupan, que no rayen las mesas, que no copien, etcétera.

Una noticia tragicómica circuló hace algún tiempo en los medios de nuestro país. Trataba de las quejas más absurdas que los profesores oían de los apoderados. Entre ellas me llamaba la atención la de una apoderada que le decía al profesor: “Mi hijo está todo el día en el colegio, casi ni lo veo, ¿cómo pretende que le enseñe valores?” También había otra, en que el apoderado cuestionaba al profesor por no cuidar a su hijo durante el recreo. Y para qué hablar de lo complicado que se les vuelve la existencia a algunos padres cuando sus hijos no tienen clases o salen de vacaciones. ¿En qué momento la profesión del docente se convirtió en un trabajo de niñero a tiempo completo?

En todo caso no creo que esa sea la situación que quería describir el antipoeta. Claramente él quería ir más allá de esta tarea que desgasta hasta la muerte –como dice en el poema. Pienso que él quería enrostrarle a la sociedad lo miserable que se siente vivir de una profesión que para los demás no tiene un valor realmente significativo.

Ojalá los profesores pudieran vivir con la satisfacción de realizar el trabajo más valioso y trascendental de todos. Pero vivir así en una sociedad que piensa diferente es vivir con un pie en el delirio y el otro en la demencia. La realidad actual se acerca más a la idea de una frase de la película Detachment, que dice: “lo peor de este trabajo es que nadie lo agradece…” Y qué triste es, que esa sea la realidad de muchos de los profesores del país.

Una de las reformas más significativas que nuestro sistema podría experimentar, sería la de dar a los maestros el valor que merecen, considerándolos, en primer lugar, como a profesionales que saben de educación. Valorar y retribuir esa compleja tarea de educar a los futuros ciudadanos, es responsabilidad de la sociedad a la cual ellos sirven.

Para Elena Poniatowska, escritora mexicana, “los profesores se desprenden de cuanto tienen y de cuanto saben, porque su misión es esa: dar.” De esta manera es que el trabajo del educador se convierte en una cuestión tan dura y desgastante.

Entregarse a sí mismo durante 500 horas semanales –como dice Parra- necesita del constante apoyo y sustento de todos los que le rodean. De quienes se benefician, de una u otra forma, de esta inigualable profesión.

Para el equipo ARPA los docentes son agentes clave del sistema educativo. Lo que no significa que sobre ellos recae toda la responsabilidad, sino que sin su participación, es y será imposible, desarrollar cambios verdaderamente profundos para la mejora de la educación. Considerarlos más en la toma de decisiones, no responsabilizarlos todo el tiempo por los malos resultados, aumentar sus horas no lectivas, que sus equipos directivos respalden y apoyen su labor, por ejemplo, son solo algunas de las necesidades que creemos son las más urgentes de tener en consideración, para mejorar las condiciones del ejercicio de esta compleja tarea de educar.

*Imagen: Fotograma película “Detachment” año 2012

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